Adentro.



Buscó para no llorar,
sintió para no estar en soledad,
creció en silencio para no errar,
y después del verso equivocado,
mordió los labios
que nunca aprendieron a amar.

Buscó para madurar y no perder,
se arriesgó por un beso a destiempo,
para arruinar una verdad envenenada
y curar la sonrisa estropeada,
de una luz de neón que soñó en dibujar
las pupilas del amor.

Y creció sin saber donde hallar el perdón,
en que estación empezar a borrar las cenizas,
donde enmendar las vidas que se fugaron,
y qué hacer cuando se ama a quien solo te quiere.

Buscó culpar lo que no entendía,
medir el peso de las indecisiones,
sellar el arrepentimiento de quien esperó
y luego nunca nada llegó.
Buscó y buscó con un solo afán al final,
encontrarse a sí misma.

Quería decírtelo.



A veces me acuerdo de ti
cierro los ojos y casi estás aquí.
A veces pienso que quiero volver,
e imagino que estamos juntos
en medio de todo,
sintiéndonos diminutos
y a la vez únicos,
de una historia irrepetible.
De repente todo se borra
y siento como vuelvo a nacer.
Todo empieza ahora, a tu lado. 



No solo para recordar.



Ojala existiera el verso perfecto,
no para jurar o mantener algo por siempre,
ni para alcanzar infinitos e imposibles, no.
Yo solo quiero que exista,
para que te haga entender que te quiero,
pero por ahora solo se me ocurre esto;

       -  te amo. 



Al lado de la felicidad.



Aún mantengo tu sonrisa en mis versos,
luces de neón en postales caducadas,
carmín en el fondo de mi almohada,
y para los domingos sin solución
vistas a un parque con olas sabor al sur.

Aún escribo en segunda persona
con la soledad tuya sobre la mía,
y la mía inventando finales que nunca ocurren,
posado en cada rima de mi poemas,
intentando con mis manos destruir la distancia,
entre tus ojos y mi alma.

Aún sueño en un sueño entre los dos,
en una soledad astillada, en mil lunas rotas,
y en una escalera que llegue por fin a tus heridas,
marchando juntos donde el olvido habita,
riéndonos del miedo y saboreando lo que se siente,
cuando todo es posible.


Lleno de luz.



Un niño a quien quiero sin mesura
comparte conmigo su vida.
Cada día sacas de mí lo mejor que tengo. 

Mi gratitud no cabe en un poema.
Gracias Samuel. 



















Anclados.



Quédate anclada en este verso,
junto a la almohada vacilando al tiempo,
destruyendo las cadenas que nos ahogaron,
para gritarle al viento que no todo se ha terminado.

Quédate anclada en este sueño,
e improvisemos mil locuras
para nunca dejar sobremesas a medias,
sabanas frías y llantos en silencio.

Quédate anclada en mis labios,
dibuja tu alma en mi corazón,
descansa tus dudas sobre las mías,
e inventemos noches estrelladas
para crear mañanas con posibles.

Quédate anclada en mis manos,
no te pido días, ni fechas,
no busco pasados ni respuestas,
tan solo besos con sonrisas
que hagan olvidar las heridas.

Quédate en ninguna parte, a mi lado.