Pasaje. (La vida de los árboles)

Hoy te escribo
la palabra más hermosa de entre todas,
la que sin necesidad de estrofa
crea un poema,
para florecer en el corazón
de quien quiere creer.
Hoy te escribo…te amo. 

La fábula del árbol.

Estar a tu lado
es restarle minutos al tiempo,
es anular la duda
e ignorar que seremos mañana,
sin importarnos que somos ahora.




371 instantes.

Yo quise como todos te quisieron,
pero mi forma de querer
siempre fue un poco más.
Tu quisiste como todas me quisieron,
pero tu forma de querer
siempre fue un poco más.
Y poco a poco consumimos los besos y los versos,
las ganas y el alquitrán de nuestra carretera.
Buscamos oasis para frenar a nuestros pies
las ganas de gritarle al mundo;
pero íbamos de rascacielos en rascacielos.
Fuimos los amantes del misterio,
encontramos secretos ya olvidados,
banderas aún por descubrir
y lugares nunca susurrados.
Ensanchamos nuestras pupilas más de mil veces,
sonrojamos a la luna brindando
con el dorado de nuestros pecados,
fuimos la ciudad eterna de una noche estrellada,
y por primera vez ,el tiempo, dejo de importar.



No más sin ti. (Memorias de un verso menor)

El tiempo que no he tenido
lo he inventado para enseñarte
que mis sueños viven en tu alma,
y para decirte que cada instante fuera de ti,
es estar también fuera de mí,
porque no encuentro el camino de vuelta a casa,
si no veo tus ojos en mis pasos.

El tumulto del silencio en invierno.

Le dijo su sombra a él…

¡Levántate!,
hay gente peor que tú, pero entre tú y yo, eso ya te da igual. Ni si quiera te preocupa que el mundo se rompa en mil pedazos, porque ya la mirada no te alcanza a ver si  hoy ha salido el sol, y esta mañana no llegan los rayos a tu ventana.
Lo siento, pero la realidad es está, vives en un bajo sin jardín, entre muros que no dejan lugar para imaginar. Y hoy es lunes, o puede que sea viernes. Ya no sabes dónde está el calendario, ese mismo que tantas veces te marcaba tu estado de ánimo.
Has escondido el despertador por miedo, o puede que sea por vergüenza.
Cada vez te cuesta más llegar al espejo, decir que no pasa nada, y sonreír a los tuyos, que aún esperan que todo sea una broma. Pero ya no ves lo que antes sabías, no sabes lo que es verdad, y empiezas a recorrer cada paso dado para averiguar cuál fue el error, donde maldita sea ocurrió el principio del desastre, y deseas saber porque aún quieres entender, aún tienes la ilusión de arreglar, lo que ahora parece imposible de curar.
Pero al abrir los ojos piensas que todo es lo mismo, que eres una copia, de otra copia, de otra copia que fue otra copia ya olvidada en algún lugar de la historia. Esa historia que nunca has escrito pero a la que perteneces, porque otros ya dijeron que sí por ti.
Y deseas tener la vida de los demás, así te sentirás seguro, así todos creerán que por fin lo lograste (aunque nadie sabe lo que hay que hacer). Pero no estás cómodo con ningún minuto de tu vida, porque siempre hay algo ahí dentro, que no sabes explicar, que siente que nunca es suficiente.

Le dijo él a su sombra…

Me levantaré todos los días, caiga el sol por donde caiga. Seré lo que quiera ser, porque mi camino lo elijo yo, y digan lo que digan, siempre encontraré motivos para creer, porque yo he aprendido con mis errores, que la vida aún en los peores momentos, nos sigue sonriendo.


Imagino que imaginas.

Tus ojos perdidos me llevan a un sueño
donde los versos se convierten en nubes,
y esas nubes viajan al centro de mi corazón,
y mi corazón impregnado de ese sueño,
imagina que cada latido mío es un beso tuyo.


No lo dudo.

Trescientas diez mañanas preguntándome que sería estar a tu lado,
y cada poro de mi alma estallando en mis mejillas
creyendo y construyendo que… “imposible” era una mentira.
Conviví en trescientas once noches con un ejército malvado de hormigas,
que removían los cajones de mis poemas tarareando al unísono las canciones,
que una vez le prometí a Benedetti nunca escribir.
Y acompañado de un piano desafinado sobresaltado por un… -La- inconformista,
que tras contagiado por los labios del que quiere querer,
terminé sellando con Drexler que mi último camino terminaría en la orilla de su corazón.
Pero… me faltaron luces y estrellas, y más lunas y camino, y consumo y delirio,

para convencer a mis ojos que la verdad, ya no estaba de mi lado.