Alcanzarte (Paredes- 2003. Desde Madrid)

Yo no sé si debo o puedo,
si puedo no lo dudaría,
si no debo no puedo,
pero tal vez realmente no pueda,
pero...si no puedo ¡no significa que no deba!.

Y si ahora me planteo que da igual si debo o no debo,
estaría fuera de mí, de estas cosas que me rodean,
de la rabia que me ata a cada instante de lo que siento.

Pero si el principio no soy yo y solo tú,
qué más da si puedo o debo,
para que seguir preguntándome.
Insalvablemente el hecho no sería suficiente,
irremediablemente te escaparías de mis manos.

Entonces mi debo y puedo caerían terriblemente
en la ignorancia de tu banalidad,
nada sería lo que yo quisiera que fuera,
y a la sazón de esta violenta forma de ser,
me preguntaría por ti,
e indudablemente presentiría
que sería el único que lo hiciera,
tal vez, porque solo yo soy el que quiere.

Y así es este triste final de mis intentos,
mis ansias terminan en esta tinta
para el recuerdo que desfilará sin pena ni gloria.
Aun así, si no viene de mí este quebranto,
aunque el aire me niegue poseer a la luna,
mi puedo y mi debo te los prestaría, indisputablemente,
por un instante de tu latido en mí.

Recuerdo (La vida de los árboles)

No sabría decirte cuando fue,
ni si quiera si la despedida, ¡aquella despedida!
fue como lo sentimos.

Puede que nos adelantáramos a nuestro propio destino,
puede que el miedo a ser nos dejara con las ganas de saber.
Y te recuerdo como ayer, en estos días de invierno,
con tu sonrisa, con tu forma de hacer, con tu cariño.

Recuerdo las mañanas, el café templado humeante como a ti te gustaba,
tu pelo enredado en mi cara, los cajones llenos de tantos recuerdos,
la mesita siempre con tus pulseras y una goma negra,
que en cuanto podía te la escondía para hacerte rabiar.

Recuerdo los domingos, tan sencillos y tan mágicos,
las sesiones de amistad que nos ofrecíamos en mitad de cualquier noche,
cualquier hora era perfecta.

Recuerdo tu ropa, tu aroma, la forma como colocabas las cosas,
recuerdo que me encantaba estar allí y no saber de ningún otro sitio,
desaparecer y no importarme porque.

Y aun así no sabría decirte si puede que algo se nos escapara,
puede que no nos diéramos cuenta de lo que habíamos hecho,
de lo que estábamos haciendo o de los que hubiéramos podido ser.

Creo que nunca llegaré a entender el porqué.
Ahora sé que ningún verso nos hará regresar a quellos días.
Tal vez estemos obligados a vivir con el recuerdo,
o tal vez ya deberíamos de ser felices por haberlo vivido.

Antes de olvidar (La vida de los árboles)

Te vi amando a otro,
te vi y te odie por todo lo que me juraste,
porque te sentía tan dentro del alma mía
que nunca quise creer en un final.

Ni te imaginas en que se ha convertido el mundo ahora,
desde aquí todo es cruel y caótico,
sin embargo los años me han enseñado a ser
algo más que la sombra de tus caprichos.

Perder es solo un mero gesto más de la rutina,
aunque la felicidad de mis días cubre mis heridas.
El silencio predomina en todo lo que hago,
pero mi corazón fluye por abrazos que me reconfortan
y me dan el aire que necesito para seguir soñando.

Pero debo confesarte también,
que aún mantengo tu ausencia.
No quiero preocuparte amor,
ya sé que tú olvidaste pero...
necesito saber cómo lo hiciste, ¡cómo pudiste!.

Te juro que me gustaría saberlo
porque esta condena de ti ya me empieza a pesar demasiado en mi,
y me niego a pensar que todo fue un engaño,
asi que, dime ¡¿como volver a sentir?!
¡¿Cómo tener la ilusión de la espera de un beso?!
¡¿Cómo sienta no estar sólo, saber que alguien te piensa?!
Amor, cuéntame que es sentir el amor sin mí.

Para quien quiera. Poema 68 (La vida de los árboles)

- Reflexiones - La vida de los árboles.

La melancolía es tan sincera como la memoria, nunca sabes cuándo te va a engañar, que parte inventamos o engrandecemos y que es lo que dejamos atrás.
Sinceramente, no deberíamos de fiarnos de nosotros mismos, no deberíamos de alimentar con hambre caducada nuestros presentes, porque al recordar regresaríamos con la tristeza, ignorando que ser feliz es inherente al ser humano.

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Poema 68. Para quien quiera. (La vida de los árboles)

Nadie me dijo que no solo sería un simple recuerdo,
qué estos versos vienen del odio convertidos en herida abierta,
y ahora contemplo desde el soplo de un aire menguado,
que ya no tengo tiempo para recuperar lo perdido.
¡cómo hacer de esta siembra fruto fértil para mi corazón!.
Será que el camino olvido en algún momento ser camino.

¡Nadie volvió!, todo empezó a desaparecer de mis ojos,
y en el fondo de mi alma alguien preguntó...
¿quién aclama a la memoria?,
¡quién va a impedir que se aniquile a esta primavera,
que ya llora en mis manos!
¡a dónde debo de escapar para ahuyentar a esta nada!,
que marchita estos poemas indefensos ante el destino.

Nadie contempló el insufrible afán de los días,
el hambre de las rimas volátiles de mis ventanas,
el amor que posaba dulcemente en el borde de mis labios.
Y ahora... ¡cómo parar esta vieja batalla de calles y balcones!,
si ya se marchó con las sombras de mis diarios.

A quien le digo ahora, que yo también quiero.

Buscando(te). La vida de los árboles.

Me dio por llorarte en este invierno entrecortado
suspendido en los ecos de esta aversión,
y al reparar en el tiempo presentí,
que lo único que he hecho ha sido equivocarme.
He teñido mis palabras en vano,
he caído en el olvido por lo que he emado,
te he buscado, te he imaginado de mil formas,
te he deseado tanto...
y sin embargo ningún verso te ha gobernado.
Pueda que ahora entienda, que significa amar.

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El mejor poema es el que aún está por escribir.

Mientras dure.

Aguacero y ron para los festivos de guardar,
la televisión como siempre, mejor en negro,
de música algo del maestro o tal vez un adagio,
y empezamos a escribir manteniendo el tipo,
con la cortesía de un día azul de resaca en los ojos,
aun así mientras dure seguiré.

Una rima de gracia para una sonrisa inesperada,
un verso con pena para unas lagrimas desordenadas,
o tal vez poema ruiseñor para antes de dormir.
Puede que me anime y hasta (te) escriba un cuento.
¡Qué intención más fabulosa para ser feliz!

Ahora cuéntame, cuéntamelo todo al oído,
yo prometo retener y creer, saber y responder
decir y descubrir que esconden tus palabras.
Te pintare al son de las olas,
al más puro estilo de Sorolla,
en la orilla de una isla que he inventado
por si nos da por escaparnos para olvidar.

¡Y sí!, presiento en mis manos un alza de jazmín y romero tenue,
que tiñe mis ventanas de otoño en la primavera que busqué.
y con o sin destreza aquí seguiré mientras dure.

Regálame un minuto con un beso azucarado para los lunes,
almidona mis pasos cansados de mañanas con sabor a naranja,
destapa mis ojos vagos, arrópame ante las estrellas,
¡que la luna sepa que yo me quedo aquí!, mientras dure,
e invítame a un fuego lento de finas hiervas al champan,
con lumbre para las acaricias y alguna frase ingeniosa para dar caza al día,
divagando en el desván de nuestras promesas.

¡Cómo no a ver visto tal grandeza para mi sien!
Te deduzco y te absorbo gota a gota desde este enjambre,
atrincherado en la oda de mi escritorio.
Pareces casi irreal y yo acostumbrado a esta locura, compañera de mi desventura,
me aventuro a medias, cabizbajo, a tientas y radiando por estos poros,
las ganas de un vivir que ya olvide en las fronteras del martillo y agua ardiente para las heridas.
Pero estos menesteres no concurren con un vuelva usted mañana,
y mi pecho asustado se aprieta porque quiere salir de mí,
pero él aun no sabe que solo eras el sueño que soñé ayer.

Ahora me lo dedico, un momento de paz para tal algarabía,
porque mi rutina nunca se vio en otro manjar igual.
Me vienen los excesos de un paraíso que ilumine allá por los años 20,
y como avalancha se me viene al costal la mezcla de esos colores,
que ya deje de pintar por no saber cómo seguir.
Los veo venir uno a uno, singulares formas de una partitura
que aun no he escrito y voy sin medir intentando darles vida.
pero con la calma la lluvia ha dejado de empañarme.
Aun así me ha empapado los huesos que ya aclaman una manta
para este invierno, que no queriendo, estará por venir.

Presiento como el resentimiento de un niño, al admirar su juguete tras el cristal,
que lo que se quiere no siempre se puede,
y al igual que ese niño pataleo al destino
porque el tiempo siempre me roba el caramelo.
Difícil es asimilar, aun con los años, que a veces no es justo lo que uno se merece,
y aunque no lo entienda aquí seguiré mientras dure,
con el verso en la boca y las palabras entre mis manos.

No hay nada pactado que sea suficiente,
ni el arte ni la ciencia dan con ello.
No hay tablas, no hay números, no hay filosofía alguna que pueda responder.
Mi voz se calla, mis letras hablan, mi razón me niega
y mi corazón está por mudarse, destino: Groenlandia.
Cuando el desastre concluye uno piensa en el yugo, en la mortaja
o si es preciso en salir corriendo.
Pero lo que había antes ya no está y uno piensa que un capricho sería ideal,
el egoísmo se aferra a la desesperación de la soledad diurna
y el tormento, el brebaje perfecto para estas noches.
El tiempo se convierte en maldito. Alguien le dio por hechizar a los minutos.
Este mal no se marcha ¡yo no quiero sufrir!, ¿alguien de encargo?
Mientras dure aquí seguiré.

Finalmente, anunciare en portada, llegado el momento esta despedida.
Tinta fresca para la ocasión pero sin comensales ni festejos,
con un... -¡muchacho!, así es la vida-, me será suficiente.
Cerrare los diarios, guardare los dijes y las alhajas,
me sentare de nuevo en esta alfombra de alquiler para las bienvenidas,
y mientras dure, válgame el santo de mi peregrinación, que aquí seguiré.

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Hay un chiste italiano buenísimo,
Esto es un pobre que va a la iglesia todos los días a rezar frente a la imagen de un santo
y le dice:

- San lo que sea, por favor, por favor, por favor que me toque la lotería.
Al final la imagen, desesperada cobra vida, baja la mirada y le dice:
- Hijo mío, por favor, por favor, por favor compra un billete.

( * Fragmento extraído de la película: - come, reza, ama - )

La vida de los árboles. Vida (Poema 14)

Si no te escribo enloquezco,
si te escribo desaparezco,
si te recuerdo no duermo,
y si te olvido no sueño.

Si me alejo más rápido vienes,
si me acerco me quemo,
si deseo me pierdo
y si no aspiro no siento.

Si pretendo ser no lo consigo,
si no pretendo me desterraras,
si me entrego me asustare,
y si no, nunca lo sabrás.