Luego (La vida de los árboles)

Luego vendrán las agonías de este silencio,
con las golondrinas de una pesadilla,
que se ahoga en un mar menor
de aquellos recuerdos inservibles, nefastos,
odiosamente inoportunos, enredándose entre tus cabellos,
palpitando por las aceras por donde caminas.

Luego vendrá el corazón saliéndose por la sien,
reclamando lo que es suyo y de nadie más,
tan celoso como un niño ante su primera pérdida,
y con el ruido destellando en las encimeras de mis lágrimas,
vendrán las culpas arrogantes, las palabras torpes
y una silueta con cuernos de maíz,
e incluso tal vez, aparezca como una ilusión
el sueño inacabado, que soñé para ti.

Luego vendrán las huellas de un beso huérfano de sol,
pidiéndome la noche como salvavidas de un infierno,
que nunca merecimos tener,
pero que sin duda es con el que vivimos.
Vendrán con los versos astillados, sin explicación,
con el enfado por no entender y con el agua vendita
para una cura ya dañada.

Luego vendrán los miedos escondidos tras la luna,
con su corte mudo echándome humo,
con sus labios gritando la incertidumbre de mis sabanas,
y con el querer entre las piernas.

Luego se irán, la calma partirá el rastro de este dolor,
dejando entre las nubes en las que sueño,
la cosecha de sus intenciones;
más engaños y algún motivo para recordar.

Para siempre.

Hace ocho años que te fuiste.
Mírame desde donde estés,
yo mantendré tu recuerdo por siempre.


.J.

Aquellos días. (La vida de los árboles)

Yo amaba lo que alguien olvidaba,
y me acostumbre tanto al olvido,
que ese querer ya no era mío.
Espere al lado del tiempo,
para encontrarme con el momento,
aquel del que hablabas con mis silencios,
y a pesar de mis deseos,
lo que tu voz me decía yo lo creía.
Escribí más de lo esperado,
y deje pasar tantos días
que finalmente se convirtieron en años,
donde acertar con tu recuerdo,
siempre era un intento fallido
de primaveras marchitas,
y engaños envueltos,
en miradas de media noche.

Yo amaba algo que ya no existía.

Con la luna en el diario. (La vida de los árboles)

Olviden que fui el último,
quiéranme por lo que nunca conseguí ser,
porque mientras intentaba serlo,
llegue a ser lo que soy.
Háganme caso cuando calle,
llévenme con los ojos vendados,
y enséñenme el mundo
como si fuera la primera vez.
Dejen que el invierno marche con el tacón bien alto,
desechen que yo lo dije antes,
ódienme para después.
Lloren en el aguacero de mis balcones,
y para cuando llegue la luna
díganle que yo seguiré despierto.
Cuéntenle que no pude esperar,
porque en mis ojos ya había mil historias,
queriendo escapar.

Cada momento (La vida de los árboles)

Un viaje en el metro,
la cuarta parte del aprendizaje de mi vida.
Una conversación con el sol anunciándose,
el descubrimiento de que aun existe
el sentido común en las personas.
Un abrazo, entender que la confianza se debe sentir.
Mi Madrid, la última estación de mis versos inacabados.

Sobre mojado (La vida de los árboles)

Este es el lugar que te he reservado, el subconsciente,
es mi forma para decirte que es para siempre.
El silencio en el que me resigno lo ocultaré con mis versos,
y esta soledad tan cruel será compañera inestimable.
Nunca olvidaré porque el recuerdo será lo único,
que pueda tener de ti.


(Una vez soñé en un beso una felicidad,
pero el beso murió y con él la mirada,
de quien quería besarme)

Entre números (La vida de los árboles)

Quinientos cincuenta y tres poemas escritos,
nueve años recordando al tiempo,
tres mil doscientos ochenta y cinco días en el pasado,
más de mil papeles manchados,
ochenta y cinco lienzos soñando con tu sonrisa,
setenta y ocho mil ochocientas cuarenta horas buscando un perdón,
y sin embargo nunca te encontré.
Solo me falta decirte una cosa más,
el amor si existe (aunque no es como me lo imaginaba).