Inquebrantable.



Son mis manos las que te esperan,
las que pierden y las que ganan.
Son mis manos las que te recuerdan,
las que te buscan en cada poema.

Son mis ojos los que te imaginan,
los que siguen tus pasos en silencio.
Son mis ojos los que tallan tu belleza en mi alma,
los que se llenan de razones para alcanzarte.

Es mi corazón el que le robó a la luna su locura,
el que agota las horas de sueño por tenerte entre rimas.
Es mi corazón el que te está gritando,
el que a cada paso se le abre una herida por tu ausencia.

Estas son las estrofas que te están amando.

Segundos.



Voy detrás de un verso en forma de escudo humano
y te escribo callado que mi piel grita, que sin ti muero.
Invento prosas tallándolas en las paredes de mis confesiones,
y al llegar las noches me convenzo que nunca será tarde,
envuelto en tu recuerdo bajo un cielo que ya me vio llorar.

Voy detrás de un espejismo que soñó con ser real,
y te escribo sobre los minuteros del reloj de mi vida,
para enmarcar el segundo en el que me enteré,
que me había enamorado de ti.

Voy detrás de los días paseando en playas desnudas,
bajo lluvias de arcoíris que dibujan tu mirada sobre mis pies,
e intento retener el paso de las nubes,
viajar sobre la brisa de tus suspiros,
y deslizarme por tu sonrisa para quedarme a tu lado,
poder  romper la pesadilla de “yo no podré”,
y ensanchar los caminos para quedarme a vivir
en la primavera de tus besos.


Cuestión de locos.



La cuestión no es hacer las cosas lo mejor posible,
si no hacer las cosas que realmente te hacen sentirte posible.
Posible para hacer, posible para amar, posible para seguir,
posible para comenzar, posible para crecer, posible para soñar.
Posible para todo.



Adentro.



Buscó para no llorar,
sintió para no estar en soledad,
creció en silencio para no errar,
y después del verso equivocado,
mordió los labios
que nunca aprendieron a amar.

Buscó para madurar y no perder,
se arriesgó por un beso a destiempo,
para arruinar una verdad envenenada
y curar la sonrisa estropeada,
de una luz de neón que soñó en dibujar
las pupilas del amor.

Y creció sin saber donde hallar el perdón,
en que estación empezar a borrar las cenizas,
donde enmendar las vidas que se fugaron,
y qué hacer cuando se ama a quien solo te quiere.

Buscó culpar lo que no entendía,
medir el peso de las indecisiones,
sellar el arrepentimiento de quien esperó
y luego nunca nada llegó.
Buscó y buscó con un solo afán al final,
encontrarse a sí misma.

Quería decírtelo.



A veces me acuerdo de ti
cierro los ojos y casi estás aquí.
A veces pienso que quiero volver,
e imagino que estamos juntos
en medio de todo,
sintiéndonos diminutos
y a la vez únicos,
de una historia irrepetible.
De repente todo se borra
y siento como vuelvo a nacer.
Todo empieza ahora, a tu lado. 



No solo para recordar.



Ojala existiera el verso perfecto,
no para jurar o mantener algo por siempre,
ni para alcanzar infinitos e imposibles, no.
Yo solo quiero que exista,
para que te haga entender que te quiero,
pero por ahora solo se me ocurre esto;

       -  te amo.