Por la noche.



De tanto en tanto me acuerdo de ti,
pero me callo y no le digo nada al viento,
y por eso ando con este silencio
que no es mío sino el tuyo,
en esta soledad mía que ya es tuya.


Devorador de segundos.



Ahora mis ojos te miran de reojo,
mi corazón se precipita sin mi consentimiento,
y mis mejillas anuncian lo que mi voz delata al callar.
Ahora ando buscando la palabra adecuada,
para regalarte la verdad que nunca pronuncié.
Ahora siento rabia de cada minuto que respiramos sin mirarnos,
y maldigo cada noche a esa almohada maldita,
que deja tiritando mis parpados.
Ahora iré donde nuestros corazones se articulan con los sueños,
trasnocharé entre rimas bailando con las locuras
que me hicieron llegar hasta ti,
y acordaré con el futuro, que se aleje de nosotros
hasta que nos olvide.
Ahora será siempre, esta es mi promesa.

Ambición.




Quiero que seas la calma de mis miedos,
la luz de las sombra de mi pecho,
el maestre de la cerradura de mis secretos,
e ir aprendiendo que aún queda tiempo para volver.
Y empezar a declinar mis versos con tus latidos,
y mis suspiros con la distancia de tus caminos,
para acortar sueños y hacerte real entre mis manos.

Visible.



No es fácil seguirte
frenando cada palabra,
que viaja por mi pecho
para no gritártelo
al llegar la noche,
y fácil es quedarse
colgado a mitad del camino,
sentado al lado del miedo
creyendo que siempre habrá tiempo,
pero aquí estoy valiente
luchando con el silencio,
estrellando mis ansias con la luna,
y soñando que la distancia es solo un juego,
que terminará mañana al despertar,
despertando a tu lado.

Estatua de mar



Golpea si fuera necesario mi pecho
y grita al pasado si me vieras llorar,
ahora vayamos a convertir en ceniza
las heridas de esas miradas perdidas,
e inventemos juntos minutos
para robarle al tiempo sus horas malditas.