A veces


Me lo dijo el silencio:
las señales están ahí,
quien quiere busca
quien busca encuentra.

Tu andabas perdida
yo en mi laberinto,
y que malo es no saber.

Ya me lo dijo el viento:
la duda carcome la piel
y el tiempo no sabe de penas.

Me lo dijo tu voz…
pero yo no quise esperar,
me venían ahogando las mareas
y yo solo esperaba una noche con sol.

Ya me lo dijo la lluvia:
los domingos no son para enamorarse.
Quien mal anda nunca termina,
pero yo no sé estarme quieto.
Tu tampoco

Y a veces dibujo sin pensar
como si el vacío no contara,
porque imagino que nada me toca.
Y a veces sueño que te dibujo.


Un segundo


Joder…
solo fue un segundo
y ni si quiera
el mejor beso del mundo pudo con tanto.
Todavía el peso que siento
no tiene escusa,
porque me haces respirar sin miedo
y ahora vivo como un loco,
que por fin encontró su camino.
Joder…
Solo fue un segundo.

Fragmento de “Gracias por escucharme”( 2012-2018. NOR. Versos al aire)


- Es cierto que una vez me perdí.
Cierto es que una vez ame a
quien no debía,
y muy cierto que he engañado para salvarme.
Pero debo decirle, que gracias a mis errores he aprendido
a vivir y no solo a sobrevivir. 
A veces, querida señora, el mejor acierto es el equivocarse.


Al lado del silencio

Al mundo le dará igual
pero mi piel ya sabe de ti.
Y mi pecho no va a entender
porqué tus ojos
no duermen en mi.

Yo soy el que calla (5)


No sé muy bien
quien mira
quien siente
cuando no estoy.
Yo soy el que calla,
no sé qué pensar
cuando me miras,
cuando me buscas.
Yo soy el que calla,
no sé qué será…
vivo con el presente,
es lo único que tengo
¿y tú?.
Yo soy el que calla,
ojalá tuviera tus poderes
mis ojos no dicen,
me describo con la tinta
y no todo el mundo
sabe la verdad de mis manos.
Yo soy el que calla,
el que busca en la nieve
cuando el silencio camina.
Yo soy el que calla,
él que sabe a qué saben tus besos,
pero el aire te alejó de mi piel
y pregunté pero nadie supo de ti.
Yo soy el que calla
con el pecho gritando,
y si tú supieras de mi amor
estos versos olvidarían sus miedos.
Yo soy el que calla.


Te busqué


Parecía que iba a ser la mañana más fría que me había encontrado hasta ahora.
Tenía dejado en el tintero un par de colores ya secos por el viento,
pero las últimas lluvias habían calado ya en la tinta,
y se deslizaban por la cocina el verde y el azul mezclándose tímidamente.
La casa seguía vacía, hay cosas que no cambian,
y solo habitaba el polvo a olor a recuerdos.
El sol calmando las paredes de un pasillo que parecía interminable,
hacía más amable sentirse allí en medio de la nada,
y la voz que tantas veces taladró mi piel vivía ya en una ausencia indomable.
Pero en el resquicio de la puerta de mi habitación
sonaba cabizbajo el desafino de unas cuerdas oxidadas,
y volví a imaginar lo que asumí por perdido.
Entonces empezaron mis manos a jugar con el aire,
ha remover en los cajones viejas risas, conversaciones, sabores pasados,
y comencé a viajar entre aquellas cuatro paredes que me vieron crecer,
por caminos que nunca supe de su existencia.
Y me puse a bailar, a pronunciar carcajadas y a arrugar mis mejillas.
No sé aún cuanto tiempo estuve en aquel estado.
Pero todo termina, incluso lo que uno más desea,
y sin más explicación la puerta se cerró,
calló el silencio como si se tratase de un telón de acero:
preciso, imparable, cortante e injusto.
Injusto porque sentía que el tiempo
aún no me había concedido la oportunidad.
Regrese al salón, rodeé con mis ojos todo lo que una vez viví,
y acumulé todos los recuerdos posibles que me iban entrando
en una maleta carcomida que encontré.
Sabía que era el momento de irme,
las estanterías agrietadas ya gritaban su último suspiro,
el cerrojo hace años se jubiló y las ventanas ya permanecían selladas
Me fui, y está vez para no volver.

Pd. Gracias por encontrarme.