Puedo resultar a veces algo pretencioso, frívolo y repetitivo,
puedo parecer ausente, callado y consternado,
como si viviera siempre en una calle oscura teñida de melancólia.
A veces puedo ser nada sugerente, inseguro y aprensivo.
Yo no soy el príncipe de los cuentos que vosotras buscáis,
tan solo soy el que se queda atrás soñando con los besos, que nunca son para mí,
escribiendo mientras la vida pasa por mis balcones.
Y reconozco que mi materia es tan dispersa, tan éterea y tan densa al mismo tiempo,
que incluso a mí me abruma volver cada día al mundo.
Al final. (La vida de los árboles)
Andaba yo perseguido por la luna,
y me miraste con el desatino de vencerme con la mirada,
sin saber que yo soy de aquellos,
que quisieron olvidar en la orilla de una guerra
que ya presumía de derrota,
pero nunca encontré el remedio para mis heridas,
y aunque gasté mil conjuros en alejarte
nada fue más real que un beso tuyo.
El beso que nunca me darás, el que siempre imaginaré.
Andaba yo malhumorado en el día,
cuando me viniste a mi casa para anunciarme que eras feliz,
y con la misma forma de un ruiseñor malherido
arrastre mis lágrimas por dentro sin querer,
quise esconder el amor dentro de mis pupilas
para no hacer de este entierro una fiesta anunciada.
Andaba yo clavado en lo alto de tus miras,
en un época donde todo era perfecto,
cuando yo era el centro de tus pensamientos,
y las palabras volaban sin necesidad de escritorio.
Parecía que el mundo me sonreía
y era tan cierto como lo que yo veía,
pero sin darme cuenta que tú tan solo querías a otros,
y con el suspiro en el pecho me vestí por los zapatos,
me hice hombre por necesidad y niño por clemencia,
arranque de mi calendario los días que soñé a tu lado,
y con el daño ya grabado quise darme cuenta
que tu problema no era si podías o debías,
sencillamente es, amor, que no me quieres.
y me miraste con el desatino de vencerme con la mirada,
sin saber que yo soy de aquellos,
que quisieron olvidar en la orilla de una guerra
que ya presumía de derrota,
pero nunca encontré el remedio para mis heridas,
y aunque gasté mil conjuros en alejarte
nada fue más real que un beso tuyo.
El beso que nunca me darás, el que siempre imaginaré.
Andaba yo malhumorado en el día,
cuando me viniste a mi casa para anunciarme que eras feliz,
y con la misma forma de un ruiseñor malherido
arrastre mis lágrimas por dentro sin querer,
quise esconder el amor dentro de mis pupilas
para no hacer de este entierro una fiesta anunciada.
Andaba yo clavado en lo alto de tus miras,
en un época donde todo era perfecto,
cuando yo era el centro de tus pensamientos,
y las palabras volaban sin necesidad de escritorio.
Parecía que el mundo me sonreía
y era tan cierto como lo que yo veía,
pero sin darme cuenta que tú tan solo querías a otros,
y con el suspiro en el pecho me vestí por los zapatos,
me hice hombre por necesidad y niño por clemencia,
arranque de mi calendario los días que soñé a tu lado,
y con el daño ya grabado quise darme cuenta
que tu problema no era si podías o debías,
sencillamente es, amor, que no me quieres.
Si existieras (La vida de los árboles)
Si existiera un lugar aun fuera minúsculo,
te crearía sin más demoras,
te adoraría sin más preámbulos ni escusas,
haría mandar que borrasen los quizas
o incluso los todavías.
La espera llegaría a un fin glorioso,
sencillamente, al encuentro de tus ojos.
Si existiera una leve forma de tu estado
entre mis manos y lo que sueño,
posaría esa esencia en mi versos dormidos,
los cultivaría en ese invierno febril de recelos
para luego, al llegar la primavera florecer a tu lado.
Si existiera en este mundo una palabra
que pudiera resumirte, la robaría,
haría desaparecer de los diccionarios
cualquier definición que se aproximara a ti,
andaría anunciando que nadie te vio,
que tu voz se marcho con la lluvia de una noche de otoño,
reinventaría el día y la noche
y le diría a la luna, que nunca hubo pecado si no pasión.
Te guardaría en un frasco de cristal, al lado de mi fragilidad
porque ellos nunca entenderían qué tú,
eres todas las palabras que escribo.
te crearía sin más demoras,
te adoraría sin más preámbulos ni escusas,
haría mandar que borrasen los quizas
o incluso los todavías.
La espera llegaría a un fin glorioso,
sencillamente, al encuentro de tus ojos.
Si existiera una leve forma de tu estado
entre mis manos y lo que sueño,
posaría esa esencia en mi versos dormidos,
los cultivaría en ese invierno febril de recelos
para luego, al llegar la primavera florecer a tu lado.
Si existiera en este mundo una palabra
que pudiera resumirte, la robaría,
haría desaparecer de los diccionarios
cualquier definición que se aproximara a ti,
andaría anunciando que nadie te vio,
que tu voz se marcho con la lluvia de una noche de otoño,
reinventaría el día y la noche
y le diría a la luna, que nunca hubo pecado si no pasión.
Te guardaría en un frasco de cristal, al lado de mi fragilidad
porque ellos nunca entenderían qué tú,
eres todas las palabras que escribo.
Con la vida entre mis manos.
Para aquellos que conociéndome aun me quieren,
para los que se acuerdan de mí,
para aquellos que se preocupan por mí día a día,
y para los que me regañan y me dicen las verdades.
Para aquellos que me esperan con una sonrisa,
para los que saben perdonar mi errores y elogiar mis aciertos,
para los que aguantan mis manías y me ayudan a vivir con ellas,
y para aquellos que siguen leyendo mis poemas.
Por la gente que me quiso y ya no está a mi lado,
por los buenos y malos momentos que me enseñaron,
por los que me mienten y hablan mal de mí sin atreverse a mirarme.
(les regalo un minuto de paz para que miren en su interior)
Por aquellos que perduran en mi vida,
los que me hacen llorar y luego,
aun tienen tiempo para abrazarme,
por los que me odian y me rechazan,
por aquellos que no consiguen entenderme,
y por los que quisieron olvidarme sin más.
Por el mundo que observo cada mañana,
desde este cristal minusculo, personal e intransferible,
por lo que amo, lo que deseo y por lo que sueño.
Por todo lo que anhelo, en definitiva,
gracias por ayudarme a ser y vivir tal y como soy.
para los que se acuerdan de mí,
para aquellos que se preocupan por mí día a día,
y para los que me regañan y me dicen las verdades.
Para aquellos que me esperan con una sonrisa,
para los que saben perdonar mi errores y elogiar mis aciertos,
para los que aguantan mis manías y me ayudan a vivir con ellas,
y para aquellos que siguen leyendo mis poemas.
Por la gente que me quiso y ya no está a mi lado,
por los buenos y malos momentos que me enseñaron,
por los que me mienten y hablan mal de mí sin atreverse a mirarme.
(les regalo un minuto de paz para que miren en su interior)
Por aquellos que perduran en mi vida,
los que me hacen llorar y luego,
aun tienen tiempo para abrazarme,
por los que me odian y me rechazan,
por aquellos que no consiguen entenderme,
y por los que quisieron olvidarme sin más.
Por el mundo que observo cada mañana,
desde este cristal minusculo, personal e intransferible,
por lo que amo, lo que deseo y por lo que sueño.
Por todo lo que anhelo, en definitiva,
gracias por ayudarme a ser y vivir tal y como soy.
Explicación (La vida de los árboles)
El sencillo gesto de una sonrisa,
la calma de una manta,
el sentido de estar unido a alguien.
La felicidad puede ser un hecho insignificante,
puede ser la claridad del amor como una sincera declaración,
para poder ser más de lo que uno pensó ser,
el hecho imposible convertido en posible,
un don dormido en la almohada al lado de los sueños,
un empezar a escribir por escribir,
o ser uno mismo porque sí.
Puede que sea, bailar un tango inventado entrelazado
con una mirada que lo explique todo,
o tal vez ser sentido sin la necesidad de hablar.
Puede que la felicidad sea un simple gesto de tus manos sobre mis ojos.
No hay más explicación para explicarte lo que soy.
la calma de una manta,
el sentido de estar unido a alguien.
La felicidad puede ser un hecho insignificante,
puede ser la claridad del amor como una sincera declaración,
para poder ser más de lo que uno pensó ser,
el hecho imposible convertido en posible,
un don dormido en la almohada al lado de los sueños,
un empezar a escribir por escribir,
o ser uno mismo porque sí.
Puede que sea, bailar un tango inventado entrelazado
con una mirada que lo explique todo,
o tal vez ser sentido sin la necesidad de hablar.
Puede que la felicidad sea un simple gesto de tus manos sobre mis ojos.
No hay más explicación para explicarte lo que soy.
... - La vida de los árboles -
Inagotablemente queriendo,
adherido a ti sin medida,
apasionada en cada gesto,
a veces loca, a veces aun más.
Indestructible como el coraje
con la fuerza de mil deseos,
infinitamente creciendo,
imparable y dulce a la vez
conquistando el mundo.
Eres todo lo que soy,
lo que solo yo puedo ver
y nadie entiende.
Me haces único,
inagotable, apasionado, indestructible
e infinitamente vivo.
Eres el origen y el final,
eres el cómo y el porqué
la esencia de lo que soy,
la luz de lo que llevo por dentro,
de lo que guardo,
el canal de mi voz callada.
Eres la mitad de mi vida.
adherido a ti sin medida,
apasionada en cada gesto,
a veces loca, a veces aun más.
Indestructible como el coraje
con la fuerza de mil deseos,
infinitamente creciendo,
imparable y dulce a la vez
conquistando el mundo.
Eres todo lo que soy,
lo que solo yo puedo ver
y nadie entiende.
Me haces único,
inagotable, apasionado, indestructible
e infinitamente vivo.
Eres el origen y el final,
eres el cómo y el porqué
la esencia de lo que soy,
la luz de lo que llevo por dentro,
de lo que guardo,
el canal de mi voz callada.
Eres la mitad de mi vida.
y punto.
Uno debe y a veces no se puede,
otras se puede y sin embargo no se debe,
pero... si no sé quiere ¡déjalo!,
porque ni se podrá ni se deberá.
otras se puede y sin embargo no se debe,
pero... si no sé quiere ¡déjalo!,
porque ni se podrá ni se deberá.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)