Libero

 

Reten la mañana,
recuerda la noche
y vuelve al medio día.
Pinta de nuevo lo que imaginaste,
interpreta lo que dibujé en soledad.
Lucha cantando sola en la ducha
y libera lo que te grabé en tus ojos.
 

Foto

 

Si te ves por primera vez…
busca mi voz.
Yo seguiré encontrando en todas partes
tu sonrisa.
 
 

La deuda pagada

No sé qué imaginaras
pero no todo fue mentira,
o créete lo que quieras.
Y espero que no intentes compararme
porque no podrás.
Cuando escribas sabrás quien fui,
cuando calles volverás a recordar,
y cuando beses... entenderás
que la orilla solo fue el principio.
Adiós.

Milonga

La vida suele ser eso, una milonga,
un desfase, una mentira piadosa,
un ratito sin más. Y mucho más.
Mucho más.
Salute.

I


Miel sobre tu piel.
Enjambre en mis ojos,
deseo que una vez soñé.
Besos, partitura de una canción
que nunca llegará a tiempo. 
 
Tú estabas cansada
yo esperando el diluvio.
El tiempo nunca participa.
Mi lengua se equivoca,
y esta mirada ya no te encuentra.
 
Miel sobre tu piel.
Imaginé sobre un manto verde
tenernos y viajar,
adueñarme de las comas,
arrestar los puntos suspensivos.
Y llenar mis silencios con tu sabor.
 
Tú estabas buscando,
yo desenredando mi garganta
y llenar mis zapatos con tu voz,
escuchar el fin de este invierno,
esconderme en tus pestañas
e imaginar una mañana color naranja.
 
Miel sobre tu piel.
Y soñar que es real.
Soñar que el final
será el principio.
 
 
 
 
 

Dígame

 

Dígame usted…
Seré vehemente al decir
que este color me resuena
a los besos que ya no poseo
pero almaceno como algo
que una vez conocí.
Y asombro el peso del minutero
como jugó con mis manos
en esta piel que deslumbra el sereno
que hace de compañera en la noche.
 
Dígame usted…
Seré precavido al pronunciar,
callado al gritarle,
silencioso al rozarle,
invisible al recordarle.
Será historia, una de esas historias
para escritorio y guardar
bajo la manta de los domingos de frío.
Una proeza para algunos,
una locura para otros.
 
Pero…dígame usted,
cuando baja el sol por la ventana,
cuando la vela pronuncia el olor de la luna,
cuando en la almohada la mariposa se posa…
¿son sus ojos los que lloran?
 
Dígame usted…
porque en mi sentidos siento
que ya todo es posible.
 
 
 

Ya lo saben...


Ya lo saben mis oídos.
Ya lo sienten mis labios
que eres la maestra de mi piel,
porque no hay más días
sin minutos a tu lado.

Ya corren por la calle mis lágrimas,
y las golondrinas vuelven del otoño
con el frío en el pico,
y yo, pico está luz para regalarte
mi trocito de miel,
para llenarte las mañanas
con la sed que remueve mis sueños
en las noches que no andan tus manos,
en mi pecho.

Ya lo saben mis oídos.
Ya no volverá el olmo a su sombra
ni el ciprés a la almohada,
porque aquí te tengo en mi lengua
y en mis letras.