Volví.

Volví a las estrellas cuando regresé a tu mirada,
donde guardo la calma de mi piel y el olor a mañana fresca.
Recordé que en cada verso que escribo estás conmigo,
e inseparable en mi corazón oigo tu canto desde la ventana,
e imagino mil despertares al lado de tu sonrisa.


Intenciones



No precises de más palabras,
no le otorgues al tiempo más dudas,
e improvisemos un beso en nuestros latidos,
para que nada entre los dos
termine siendo un olvido.

Pasados posados.



Recuerda bien el que no quiere olvidar,
y a mí en una tarde sin tino
me vino el aguacero en la retina,
ese mismo que ya caducó años de desamor,
en el que guardé en un cuadrilátero de cartón
los minutos de un corazón,
que suspiraba por las mañanas con desazón
por la falta de valor.

Y es que recuerdo con cierta lejanía los cuadros de aquel salón,
donde tuvimos la maravillosa idea de amarnos,
pero la prisa desafino nuestros destinos,
y en un domingo de almohada compartida,
el miedo vestido de luna trajo consigo de nuevo
el orden a nuestras vidas.

Volvieron los cajones ordenados, las sabanas estiradas,
la cafetera medio llena, la bañera convertida en un glacial,
el balcón en minúsculo, y la calle raquítica donde se regalaban besos,
en la cuesta de enero de un invierno hastío.

Y sin embargo, después de lo que la vida misma arrebata,
o lo que uno deja pasar, según se mire,
confieso que agradecido estoy,
ya que estas líneas viven en mí porque en mí existió el amor.

Por la noche.



De tanto en tanto me acuerdo de ti,
pero me callo y no le digo nada al viento,
y por eso ando con este silencio
que no es mío sino el tuyo,
en esta soledad mía que ya es tuya.


Devorador de segundos.



Ahora mis ojos te miran de reojo,
mi corazón se precipita sin mi consentimiento,
y mis mejillas anuncian lo que mi voz delata al callar.
Ahora ando buscando la palabra adecuada,
para regalarte la verdad que nunca pronuncié.
Ahora siento rabia de cada minuto que respiramos sin mirarnos,
y maldigo cada noche a esa almohada maldita,
que deja tiritando mis parpados.
Ahora iré donde nuestros corazones se articulan con los sueños,
trasnocharé entre rimas bailando con las locuras
que me hicieron llegar hasta ti,
y acordaré con el futuro, que se aleje de nosotros
hasta que nos olvide.
Ahora será siempre, esta es mi promesa.

Ambición.




Quiero que seas la calma de mis miedos,
la luz de las sombra de mi pecho,
el maestre de la cerradura de mis secretos,
e ir aprendiendo que aún queda tiempo para volver.
Y empezar a declinar mis versos con tus latidos,
y mis suspiros con la distancia de tus caminos,
para acortar sueños y hacerte real entre mis manos.