A veces se me ocurre escapar.
A veces te pierdo en medio de la noche.
A veces quisiera llorar pero no me sale.
A veces quisiera perderme sin remedio,
desistir en lo que amo, olvidar lo que me hace odiar.
A veces me da lo mismo que estés o no.
A veces no comprendo porque sigo.
A veces quisiera dejar de escribirte.
A veces me aterra no sentirte.
A veces busco en ti la vida que a mí me falta.
A veces no me entiendo, a veces no te entiendo.
A veces no quisiera creer, salir de aquí
y romper los versos que me atan a tu condición.
A veces quisiera reinventar el amor y hacerlo mío,
para no seguir como sigo, para no seguir fuera de lugar,
fuera de mí.
A veces quisiera encontrarme con la locura,
un cara a cara, con el desafío de mis complejos,
y saber de un remedio para acometer a un sueño,
frenar los miedos de mis labios, y decirte lo que ahora guardo.
A veces quisiera estar por estar en cualquier parte del mundo,
dejar pasar los días, desconectar por fin
y volver a mirar al mar en la orilla de mi alma,
con los ojos de un niño, y entender porque me duele el corazón.
A veces no hay nada que vaya contigo,
no encaja ningún verso, nada te llama la atención,
es estar al lado tuyo con tu silencio incansable,
con el que me siento tan lejano de ti,
que cuando te miro no te reconozco.
A veces la sencillez te fascina,
cualquier tontería puede ser un motivo para alegrarte.
A veces nada es suficiente.
A veces creo que juegas conmigo, a veces ni si quiera eso.
A veces pienso que no eres capaz de verme,
que no hay nada sutil en mí para retenerte.
A veces tengo miedo, creo que nunca te voy a perder
porque nunca he conseguido tenerte.
A veces pienso que malgasto estos poemas,
que nunca irán a ninguna parte,
que tan solo se quedarán con mi soledad.
A veces pienso que ya da igual.
Te contaré (La vida de los árboles)
¡Qué puedo decirte!
los años no son nada sinceros
y ningún tren vuelve cuando uno quiere,
diría yo... que simplemente no vuelven.
Las palabras tan solo se quedan en el papel de quien las escribe,
¡no tienen alas!, aunque a veces su creador sueñe con ello.
¡Qué puedo decirte!
el amor es tan impredecible como único,
tan sujeto como libre.
No creo que existan demasiadas reglas para vivir,
pero si tal vez desmedidas complicaciones
que nosotros mismos nos imponemos.
Lo que es adecuado, lo que no lo es, lo que es correcto,
lo preciso, lo impreciso, lo ...
todos corremos porque no queremos ser el último en nada,
sin darnos cuenta, que nunca podremos ir más rápidos que el tiempo.
Creo que la felicidad no es algo lejano ni complicado,
pero si es verdad que uno debe de luchar por ello,
como casi todo lo bueno en esta vida.
¡Qué puedo decirte!
yo escribo y asiento, dicto y callo, repaso y registro,
desde la ventana donde me ves cada mañana dormido,
sin embargo nunca lo estoy, uno tiene que ser atento y estarlo,
y por supuesto consecuente con su tinta,
aunque debo confesar que más de una vez
he deseado morder los pecados.
No creo que ser rígido nos lleve a ningún paisaje
que merezca ser pintado ni recordado.
Soñar, desear, apasionarse, ¡eso puede que sea la clave!,
y si después se cumple, mucho mejor.
Pero... que puedo decirte,
soy escribano de mesa tuerta y coja por aficción,
nunca salí más allá de estas cuatro paredes,
¡pero eso sí!, mi imaginación ha surcado los lugares más bellos
que nunca se han contado,
he creado mil historias, donde incluso la luna me ha llorado,
he reinventado el tiempo, me he adueñado de los diccionarios,
he roto límites, he surcado fronteras, he destronado tristezas,
y he vuelto a nacer cada noche con tan solo usando,
mis dos manos y mi corazón.
Puede, que después de todo lo vivido, sea esto lo que tenga que decirte;
la vida, eres tú.
los años no son nada sinceros
y ningún tren vuelve cuando uno quiere,
diría yo... que simplemente no vuelven.
Las palabras tan solo se quedan en el papel de quien las escribe,
¡no tienen alas!, aunque a veces su creador sueñe con ello.
¡Qué puedo decirte!
el amor es tan impredecible como único,
tan sujeto como libre.
No creo que existan demasiadas reglas para vivir,
pero si tal vez desmedidas complicaciones
que nosotros mismos nos imponemos.
Lo que es adecuado, lo que no lo es, lo que es correcto,
lo preciso, lo impreciso, lo ...
todos corremos porque no queremos ser el último en nada,
sin darnos cuenta, que nunca podremos ir más rápidos que el tiempo.
Creo que la felicidad no es algo lejano ni complicado,
pero si es verdad que uno debe de luchar por ello,
como casi todo lo bueno en esta vida.
¡Qué puedo decirte!
yo escribo y asiento, dicto y callo, repaso y registro,
desde la ventana donde me ves cada mañana dormido,
sin embargo nunca lo estoy, uno tiene que ser atento y estarlo,
y por supuesto consecuente con su tinta,
aunque debo confesar que más de una vez
he deseado morder los pecados.
No creo que ser rígido nos lleve a ningún paisaje
que merezca ser pintado ni recordado.
Soñar, desear, apasionarse, ¡eso puede que sea la clave!,
y si después se cumple, mucho mejor.
Pero... que puedo decirte,
soy escribano de mesa tuerta y coja por aficción,
nunca salí más allá de estas cuatro paredes,
¡pero eso sí!, mi imaginación ha surcado los lugares más bellos
que nunca se han contado,
he creado mil historias, donde incluso la luna me ha llorado,
he reinventado el tiempo, me he adueñado de los diccionarios,
he roto límites, he surcado fronteras, he destronado tristezas,
y he vuelto a nacer cada noche con tan solo usando,
mis dos manos y mi corazón.
Puede, que después de todo lo vivido, sea esto lo que tenga que decirte;
la vida, eres tú.
Desde el jardín (La vida de los árboles)
Extensa y sencilla como el recuerdo de la niñez,
con la piel tensa, exaltada al paso de tus cabellos,
brillando en los ojos un amanecer sin heridas.
Eres imaginada, única, virgen y pura,
te he encontrado y la sonrisa se hace inevitable al sentir tu voz.
De repente existe el mundo en mí
y todas las cosas de mi vida,
van fluyendo entre mis manos.
Eres la altura que me hace más grande
y todo es así de sencillo,
como cuando era niño y todo era empezar.
con la piel tensa, exaltada al paso de tus cabellos,
brillando en los ojos un amanecer sin heridas.
Eres imaginada, única, virgen y pura,
te he encontrado y la sonrisa se hace inevitable al sentir tu voz.
De repente existe el mundo en mí
y todas las cosas de mi vida,
van fluyendo entre mis manos.
Eres la altura que me hace más grande
y todo es así de sencillo,
como cuando era niño y todo era empezar.
El sentido. (La vida de los árboles)
Si después de todo sufrí
y ahora te encuentro
en el reflejo de mis palabras,
en el aire que respiro
y en el diario de mis cosas,
entonces ya no me importa haber sufrido,
porque debe ser que sin querer queriendo
te he hecho mía, amor.
y ahora te encuentro
en el reflejo de mis palabras,
en el aire que respiro
y en el diario de mis cosas,
entonces ya no me importa haber sufrido,
porque debe ser que sin querer queriendo
te he hecho mía, amor.
Tras de ti. (La vida de los árboles)
El día.
Derrámame la última mirada
en la copa que hoy busco para olvidarte,
quiéreme algo más cuando te marches
y olvídame pronto sin remedios ni grado.
Acostumbrate a no saber de mí,
ni entender porque elegí el silencio para amarte.
Desliza lentamente mi voz en el recuerdo
para que no pueda imaginarte ni en la lejanía.
Olvida que yo estoy hecho de la materia
donde se sueña con la luna.
Recoge mi puedo y mi debo
y regálaselos a quien tú quieras,
mi quiero me lo llevo conmigo.
Y aunque no llegaste a comprender
lo que mis palabras ocultaban,
no hagas diario de mis días,
porque ya sé que te sobrarán páginas en blanco.
No grabes mi fragilidad en tus ojos
y guarda mis aromas donde yo no los pueda ver.
Pero antes de terminarme, ciégame con un beso tuyo,
porque mi corazón aun no sabe,
que nunca me quisiste.
La tarde.
No es el estupor ni la locura lo que me lleva a la deriva,
es tu silencio que ya me anuncia tu lejanía,
y ahora al escribirte ya sé que no eres mía,
pero no quiero que el mundo me lo recuerde,
no quiero pasar la vida marcado en tus altares,
caer para luego volver a donde todo empezó,
donde todo comenzó antes de que llegaras con tu vida,
para hacerla mía y la mía hacerla de nadie.
No es la idea de no tenerte la que cae en estas heridas,
es saber definitivamente, que nunca quisiste encontrarme.
La Noche.
Quedo aquí callado mirándote,
como si la vida me devolviera en algún momento
de este lamento la primavera,
y yo con lo poco que mantengo
hago trinchera ante la tormenta que vendrá.
Ahora siento la soledad que me anunciaban tus ojos,
mi silencio y yo nunca nos hemos llevado bien
pero desde aquí ya no hay más que contarte.
El tiempo ya se encargará que te olvides de mí.
Derrámame la última mirada
en la copa que hoy busco para olvidarte,
quiéreme algo más cuando te marches
y olvídame pronto sin remedios ni grado.
Acostumbrate a no saber de mí,
ni entender porque elegí el silencio para amarte.
Desliza lentamente mi voz en el recuerdo
para que no pueda imaginarte ni en la lejanía.
Olvida que yo estoy hecho de la materia
donde se sueña con la luna.
Recoge mi puedo y mi debo
y regálaselos a quien tú quieras,
mi quiero me lo llevo conmigo.
Y aunque no llegaste a comprender
lo que mis palabras ocultaban,
no hagas diario de mis días,
porque ya sé que te sobrarán páginas en blanco.
No grabes mi fragilidad en tus ojos
y guarda mis aromas donde yo no los pueda ver.
Pero antes de terminarme, ciégame con un beso tuyo,
porque mi corazón aun no sabe,
que nunca me quisiste.
La tarde.
No es el estupor ni la locura lo que me lleva a la deriva,
es tu silencio que ya me anuncia tu lejanía,
y ahora al escribirte ya sé que no eres mía,
pero no quiero que el mundo me lo recuerde,
no quiero pasar la vida marcado en tus altares,
caer para luego volver a donde todo empezó,
donde todo comenzó antes de que llegaras con tu vida,
para hacerla mía y la mía hacerla de nadie.
No es la idea de no tenerte la que cae en estas heridas,
es saber definitivamente, que nunca quisiste encontrarme.
La Noche.
Quedo aquí callado mirándote,
como si la vida me devolviera en algún momento
de este lamento la primavera,
y yo con lo poco que mantengo
hago trinchera ante la tormenta que vendrá.
Ahora siento la soledad que me anunciaban tus ojos,
mi silencio y yo nunca nos hemos llevado bien
pero desde aquí ya no hay más que contarte.
El tiempo ya se encargará que te olvides de mí.
Mi materia. (La vida de los árboles)
Puedo resultar a veces algo pretencioso, frívolo y repetitivo,
puedo parecer ausente, callado y consternado,
como si viviera siempre en una calle oscura teñida de melancólia.
A veces puedo ser nada sugerente, inseguro y aprensivo.
Yo no soy el príncipe de los cuentos que vosotras buscáis,
tan solo soy el que se queda atrás soñando con los besos, que nunca son para mí,
escribiendo mientras la vida pasa por mis balcones.
Y reconozco que mi materia es tan dispersa, tan éterea y tan densa al mismo tiempo,
que incluso a mí me abruma volver cada día al mundo.
puedo parecer ausente, callado y consternado,
como si viviera siempre en una calle oscura teñida de melancólia.
A veces puedo ser nada sugerente, inseguro y aprensivo.
Yo no soy el príncipe de los cuentos que vosotras buscáis,
tan solo soy el que se queda atrás soñando con los besos, que nunca son para mí,
escribiendo mientras la vida pasa por mis balcones.
Y reconozco que mi materia es tan dispersa, tan éterea y tan densa al mismo tiempo,
que incluso a mí me abruma volver cada día al mundo.
Al final. (La vida de los árboles)
Andaba yo perseguido por la luna,
y me miraste con el desatino de vencerme con la mirada,
sin saber que yo soy de aquellos,
que quisieron olvidar en la orilla de una guerra
que ya presumía de derrota,
pero nunca encontré el remedio para mis heridas,
y aunque gasté mil conjuros en alejarte
nada fue más real que un beso tuyo.
El beso que nunca me darás, el que siempre imaginaré.
Andaba yo malhumorado en el día,
cuando me viniste a mi casa para anunciarme que eras feliz,
y con la misma forma de un ruiseñor malherido
arrastre mis lágrimas por dentro sin querer,
quise esconder el amor dentro de mis pupilas
para no hacer de este entierro una fiesta anunciada.
Andaba yo clavado en lo alto de tus miras,
en un época donde todo era perfecto,
cuando yo era el centro de tus pensamientos,
y las palabras volaban sin necesidad de escritorio.
Parecía que el mundo me sonreía
y era tan cierto como lo que yo veía,
pero sin darme cuenta que tú tan solo querías a otros,
y con el suspiro en el pecho me vestí por los zapatos,
me hice hombre por necesidad y niño por clemencia,
arranque de mi calendario los días que soñé a tu lado,
y con el daño ya grabado quise darme cuenta
que tu problema no era si podías o debías,
sencillamente es, amor, que no me quieres.
y me miraste con el desatino de vencerme con la mirada,
sin saber que yo soy de aquellos,
que quisieron olvidar en la orilla de una guerra
que ya presumía de derrota,
pero nunca encontré el remedio para mis heridas,
y aunque gasté mil conjuros en alejarte
nada fue más real que un beso tuyo.
El beso que nunca me darás, el que siempre imaginaré.
Andaba yo malhumorado en el día,
cuando me viniste a mi casa para anunciarme que eras feliz,
y con la misma forma de un ruiseñor malherido
arrastre mis lágrimas por dentro sin querer,
quise esconder el amor dentro de mis pupilas
para no hacer de este entierro una fiesta anunciada.
Andaba yo clavado en lo alto de tus miras,
en un época donde todo era perfecto,
cuando yo era el centro de tus pensamientos,
y las palabras volaban sin necesidad de escritorio.
Parecía que el mundo me sonreía
y era tan cierto como lo que yo veía,
pero sin darme cuenta que tú tan solo querías a otros,
y con el suspiro en el pecho me vestí por los zapatos,
me hice hombre por necesidad y niño por clemencia,
arranque de mi calendario los días que soñé a tu lado,
y con el daño ya grabado quise darme cuenta
que tu problema no era si podías o debías,
sencillamente es, amor, que no me quieres.
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